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BOZALES A LA PRENSA. Opinión de Alvaro Morales

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Bastante deshonrado se encuentra el oficio que con el digno calificativo de “Cuarto Poder” exaltó en el año 1787 el parlamentario inglés, Edmund Burke, reconociendo la importancia e influencia que para la época ejercían los medios de comunicación sobre la comunidad, la opinión pública y los gobiernos.
El respetable epíteto de “Cuarto Poder” asignado para distinguir a la prensa obedeció no sólo por la ocupación de ese cuarto espacio o escaños reservados para los comunicadores en el recinto del Parlamento, sino además, por la manera seria, noble, honrada y respetable como se percibía y se le consideraba al ejercicio periodístico al cual se le empoderó como un poder adicional a los tres representados en la Cámara de los Comunes por la Iglesia; la Nobleza y los Políticos.
Sin embargo, hoy, y a pesar que la preciada distinción se extendió a los poderes, ejecutivo, legislativo y judicial; lejos ha quedado esta distinción con la que el Inglés ennobleció a los respetados informadores.

Pocos son los que en Colombia recuerdan como un Presidente de Colombia cayó por denuncias que desde Estados Unidos hizo la prensa de este país al conocer de un negociado en la compra de una barcaza para la Armada Nacional, cosa diferente ha ocurrido con el recuerdo que persiste de la renuncia a la que en el año 1974 se vio obligado presentar el entonces presidente estadounidense Richard Nixon como producto de las contundentes  denuncias que con base en serias investigaciones dieron a conocer periodistas del Washington Post en el famoso caso “Watergate” y en la que develaron el espionaje que Republicanos al servicio del Presidente realizaron en la sede de los Demócratas.

Hoy, en Colombia, se vive una situación en la que pocos son los comunicadores que se  arriesgan a hacer denuncias por hechos de corrupción; y a quienes lo hacen, y aún sobreviven, los han tratado de callar poniéndoles el bozal del destierro, eliminándolos, o aún, tratando de comprarles su conciencia para que desistan de dar a conocer los innumerables hechos de corrupción, pan de cada día en nuestro país.
Pero en el espectro del periodismo en Colombia, no todos, desafortunadamente, asumen con ética y moral el ejercicio del oficio. Muchos son los que sucumben y deponen sus principios ante el bozal que representado en una pauta publicitaria del sector público o privado se dejan imponer.

En nuestro polarizado y convulsionado país muchos son los asesinatos, desapariciones  y amenazas que se conocen contra periodistas así como los auto-destierros al que también se han visto obligados muchos de ellos.
Entre las recientes víctimas de persecución y amenazas tratándolos de “embozalar” conocidos son los casos del periodista Daniel Coronel y del caricaturista “Matador”.
En lo parroquiano, en un perverso estilo de gobierno se ha convertido el imponer mordaza o bozal a la Prensa a través de disfrazados contratos de publicidad que el sector oficial, especialmente, le ha impuesto a no pocos medios de comunicación y muchos operadores del periodismo para que no divulguen las irregularidades. No más bozales a la prensa.






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