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DESPLOME INSTITUCIONAL. Opinión de Alvaro Morales De León

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Un año ha pasado. Las víctimas mortales, finalmente fueron 21; las sobrevivientes 22. No sólo se desmoronó aquella mañana del jueves 27 de abril la estructura del Portales Blas de Lezo II, también fue el comienzo del desmoronamiento del gobierno de turno, el del esperanzador slogan “Primero la Gente”, el cual, como la mayoría de los hasta ahora elegidos popularmente, se han sustentado sobre estructuras agrietadas y podridas por la maldición de la corrupción, maligno carcoma que ha venido incrustado de manera latente en instituciones como el Concejo, Contraloría y Personería Distrital, así como en las cuestionadadísimas Secretaría de Planeación,  Oficina de Control Urbano, Alcaldías Locales, Juntas Administradoras Locales, Juntas de Acción Comunal, Inspecciones de Policía, y hasta en las Curadurías Urbanas.

Este desplome institucional del Distrito y sus dependencias no ha sido ni será el único, desafortunadamente; creo que pasará un buen tiempo para que podamos construir con bases y estructuras sólidas el edificio de instituciones fuertes y serias. Para infortunio de la ciudad todavía no es el tiempo.

El fatídico acontecimiento, el de aquella trágica mañana de abril, acompañado de todo lo que sobrevino a consecuencia de la irregular y delictuosa elección de la Contralora Distrital, no sólo terminaron por precipitar el desplome institucional del gobierno sino que rebotó y dejó al descubierto toda suerte de transgresiones que no se sabe desde cuánto tiempo han venido entronizadas en las curules de los que desde el edificio Galeras coadministran la ciudad en calidad de Concejales.
Se desplomó el Edificio, pero también se desplomó el Alcalde. Se desplomó su tenebroso y siniestro hermano. Se desplomó la mayoría de su equipo de gobierno. Se desplomó la Contralora. Se desplomaron trece de los diecinueve concejales, algo nunca visto en la historia reciente de Colombia. Se desplomaron unos inescrupulosos y criminales constructores; pero también se desplomó la fe, la credibilidad y la esperanza de un pueblo.

El implantado constitucional proceso de elección popular de alcaldes, a la verdad, y a diferencia de otras ciudades de Colombia, en poco le ha venido a bien a Cartagena; el que con escasos regulares resultados; me atrevo a asegurar, que para la Heroica, la ciudad de los Vencejos; es un proceso que como los niños que al nacer no alcanzan a vivir, nació muerto, o sea, es un proceso Mortinato.

Pero el desplome institucional de la ciudad, producto de los abusos y desmanes administrativos de quienes la han dirigido, se ha extrapolado, en esta ocasión, a un buen número de familias cartageneras a quienes se les desplomaron y truncaron sus proyectos de vida, sus ilusiones y sus esfuerzos representados en la adquisición de una propiedad familiar que de muy buena fe hicieron a unos delincuentes a los que llaman urbanizadores.

Por ahora, la ciudad no sólo seguirá siendo una ciudad fallida, también es una ciudad vencida y derrumbada en sus instituciones, pero sobre todo, seguirá, y no se sabe hasta cuándo, una ciudad desplomada en sus esperanzas.







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